miércoles, 10 de junio de 2015

La atípica vida de Elena Soto

Elena Soto nació en 1912 en Pedrosillo el Ralo, un pueblecito perdido de la provincia de Salamanca. En su adolescencia descubrió el teatro gracias a las Misiones Pedagógicas impulsadas por la República y se enamoró de él. Con un papel secundario participó en una obra organizada por el alcalde del pueblo, que pretendía presentar a un certamen en la capital pero que no llegó a nada. Se marchó, por necesidad, a la recogida de la mandarina en Valencia, donde la cogió el Golpe de Estado. Huyendo de la guerra llegó a Barcelona y conoció a un director mediocre que le prometió un papel protagonista. La obra se estrenó en una plaza con una sábana como telón. Antes de la caída de la Ciudad Condal, pasó la frontera a Francia acompañada del director, con el que había iniciado una relación sentimental. Los años en París fueron difíciles y confusos. Destacar que trabajó limpiando las alfombras del Moulin Rouge y que actuó como bailarina noches sueltas sustituyendo a alguna de las chicas. Sigue intentando introducirse en el mundo del cine, pero solo consigue papeles de figuración. Cumplidos los 70 y tras haber vuelto años antes a España para vivir la transición, consigue un papel como abuela de un toxicómano. La película es considerada por los críticos una de las visiones más realistas de las consecuencias de la Movida, por lo que Elena obtiene un cierto reconocimiento y comienza a ser una imprescindible en su franja de edad. Con casi 100 años se pone detrás de la claqueta, cansada de ser una secundaria de su propia vida, y decide llevar su vida a la pantalla, demostrando su dura lucha por mantenerse cerca de su sueño y hacerse un hueco en el mundo del cine. Su obra, un paseo por un siglo de vida, muestra la evolución del arte y la política de Europa. Por ello es elogiada por la crítica y se convierte en un éxito de las salas de cine alternativo. Deciden exhibirla en el Festival de Venecia, donde, justo cuando termina, entre aplausos, la película y a punto de cumplir los 101, Elena muere con una sonrisa en los labios.

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