martes, 15 de noviembre de 2016

EL RUIDO DEL SILENCIO

Se hizo el silencio, como si el sonido anterior hubiese copado todo lo que debía oír en su vida. Estallo en sus oídos, tan antinatural y profundo que empezó a escuchar la misma esencia del silencio: amortiguado, inmenso y vacío… como estar sin ser y con la urgente necesidad de acabar con él.

Y daban igual los gritos, los lloros o el fragor reinante… daba igual la consciencia de que todo lo que ocurría a su alrededor causaba un ruido ensordecedor, pues tras la explosión todo era silencio en los oídos rotos de Aisha.

domingo, 6 de noviembre de 2016

VILEZA POETICA

      Se levantaba temprano. Recogía las cosas y se iba hasta su puesto. Su vida era rutinaria: observaba como la gente entraba en la sucursal, como cogían su dinero y salían. Poco de esas ingentes cantidades de dinero que desfilaban ante sus ojos acababa en sus manos...o quizás eso era solo una apreciación suya.
      Al caer la tarde volvía, preparaba todo y se dormía, siempre en tensión.
      Una noche, al ver a una pareja dudando si entrar o no al cajero, fue consciente de la vileza poética que era dormir rodeado de dinero y en la pobreza.

VAMPIROS MODERNOS

A estas horas los pasillos en penumbra son perturbadores y sus pasos quedan acallados por el constante zumbar de energía estática que llena de desasosiego el lugar. Hoy es una noche tranquila, su próxima víctima es una de las pocas que ha acudido en busca de descanso a sus males. Es sorprendente como al pensar en ellos, aun, le entra una pena apenas adormecía por la deshumanización propia de su gremio. La puerta no rechina al abrirse y unos ojos nublados por el dolor lo miran con el inconfundible temor de quien sabe lo que le espera: él lleva gravado en la frente su sed de sangre. Ella, Sumisa, le tiende el brazo.
-Sólo será un pinchacito- repite, el enfermero, por enésima vez sin que la paciente se dé cuenta de que es un acto de amabilidad mecánico y tan estudiado como la sonrisa.
La enferma muestra, como todos, una nula resistencia  a que le extraigan su líquido vital, sólo con el pretexto de que es por su bien. Llena los tubos y sale del cuarto sin poder borrar de su cabeza la imagen de aquella gota roja que ha rebasado de la vía al extraer el vacutainer.
Le pasa la mitad de los tubos al celador para que los lleve al laboratorio, sin que éste se dé cuenta de que se guarda el resto en el bolsillo del uniforme. Baja al sótano. Detrás de los mortuorios y las salas de autopsias y disepcion, en una esquina olvidada del hospital, abre una puerta a unas anacrónicas escaleras que le llevan  hasta llegar a un subsuelo cavernoso.
-          Traes mi tributo-pregunta una voz atemporal desde la oscuridad.
El enfermero cae de rodillas y extiende las manos mostrando los tubos. De las sombras, emerge una mano amarilleada como un pergamino. Toma los tubos, rozando apenas la mano del enfermero, cuya espalda se estremece. Un sonido de succión llena el lugar. Un suspiro y l silencio
-          Mi señor…- pregunta el enfermero con ansiedad mal disimulada- mi señor…
La mano vuelve a emerger y del anular cae una gota negra que el sanitario se apresura en atrapar entre sus labios antes de que caiga al suelo. Su cara refleja el éxtasis. Una risa invade la sala, a Drácula le gustan sus nuevos proveedores esclavizados.


domingo, 2 de octubre de 2016

PARADOJA DE LA DIVINIDAD

Y os juro que allí donde el mar se confunde con el cielo, allí donde la geografía y las nubes son una, allí… vi la morada de los dioses, tan vasta y singular como las rocas que cubren con su azul. Y sus habitantes –nuevos, viejos, apenas recordados o de los que aún hay quien mata en su nombre- , sin excepción alguna, bajaban la mirada a la tierra pidiendo a esos creadores  mortales que orasen para no morir en la inmortalidad del olvido.